SEMANA SANTA EN FAMILIA

Hoy, por segundo año consecutivo, nos vemos obligados a celebrar la Semana Santa en el contexto de pandemia y, por lo tanto, de confinamiento. Esta situación nos hace añorar las costumbres que como familia realizábamos, como el poder trasladarnos y participar en las celebraciones de los templos o visitando las 7 iglesias y, sobre todo, poder reunirnos en familia. Que los templos cerrados no nos impidan dejar de celebrar una de las semanas más importantes del año litúrgico donde se congregan los acontecimientos de nuestra fe: la pasión, muerte y Resurrección de nuestro Salvador, el Hijo de Dios.

En medio de este contexto de pandemia y confinamiento, el Arzobispado de Lima nos invita a no dejarnos llevar por la añoranza de no poder celebrar la Semana Santa como la teníamos acostumbrada; al contrario, nos propone vivir la Semana Mayor como lo hicieran las primeras comunidades cristianas: dentro de cada familia. Por tal motivo, tener la posibilidad de responder preguntas como: ¿qué tanto espacio tiene en medio de nuestros hogares la presencia de Jesús? ¿es realmente motivo de nuestra salvación? o ¿solo el recuerdo de lo que pasó en la vida de Jesús? Tal vez solo nos estamos quedando con la celebración de la Semana Santa en tanto forma y no ahondar en el verdadero sentido que ello tiene, de manera especial en el contexto que estamos viviendo.

Desde este marco, revisemos y reflexionemos sobre algunos personajes que forman parte de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús en el contexto que estamos viviendo. Tenemos a un Pilato que se lava las manos y se muestra indiferente frente a lo que sucede con cada Cristo que sufre y padece. Tenemos a un Cireneo que apoya y sostiene el sufrimiento de muchas personas que padecen el sufrimiento por la enfermedad del COVID-19 y las consecuencias colaterales que trae consigo esta pandemia, como el aumento del desempleo y la pobreza. Podemos ser como la Verónica que atiende sin desfallecer, el dolor de tanto enfermo postrado en nuestros hospitales y hogares. La Virgen María que representa a la madre que sufre y padece por el hijo enfermo. Finalmente ¿Quiénes somos en esta Semana Santa? O ¿quiénes podemos llegar a ser dentro de nuestra familia?

El Arzobispado de Lima nos plantea una serie de actividades y gestos que permitirá reflexionar y celebrar en familia esta Semana Santa con el lema: «Un miembro de la familia se entrega por nosotros para que toda la familia tenga vida», la cuales se describirán a continuación.

El Domingo de Ramos tendremos la oportunidad como familia de hacer nuestro ramo, y pedir su bendición desde la celebración eucarística remota para colocarla en nuestra casa para dejar entrar a Jesús como rey de nuestras vidas. El lunes, martes y miércoles santos, se nos planteará preguntas como ¿qué es lo que afecta a nuestras familias? ¿qué es lo que ocurre al interior de nuestras familias que la afecta? ¿la fe nutre a nuestras familias en medio de las situaciones que estamos viviendo?

El Jueves Santo, oremos por nuestros sacerdotes en la conmemoración de la Eucaristía y la institución del Orden Sacerdotal. Además, una gran oportunidad de lavarnos los pies unos a otros como signo de nuestra entrega, amor y reconciliación como lo hizo Jesús al lavar los pies de sus discípulos.

El Viernes Santo, día de la Pasión del Señor, la Iglesia de Lima nos invita a contemplar las Siete Palabras en donde cada palabra de Jesús se encarna en la vida concreta de nuestras familias y nuestra comunidad.  Por la tarde podremos adorar la Santa Cruz de Cristo, revisando en familia lo que mata el amor, la fraternidad, la vida en nosotros y nuestra sociedad, orando por las otras cruces que muchos de nosotros cargamos.

Por la mañana del Sábado Santo, se nos invita a contemplar y acercarnos a nuestra madre, la Virgen María, a través del Rezo del Santo Rosario. En la noche se realizará la Vigilia Pascual donde dispondremos nuestros corazones para el encendido de la Luz de Cristo que resucita para darnos la Luz que ilumine nuestras vidas y nos aleja de la oscuridad por causa del pecado.

El Domingo de la Resurrección será un gran motivo para fortalecer los vínculos como familia con el compromiso de ser signo de vida entre cada miembro de nuestra familia y para otras familias.

Ante lo expuesto, la pregunta sobre si podremos o no celebrar la Semana Santa, la respuesta es ¡Sí! La celebración se hará con los frutos de la contemplación de la vida del Señor en nuestra propia familia con disposición, entrega y, sobre todo, con amor y esperanza en Dios que las cosas volverán a ser como antes.

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